Algunos inmigrantes y exiliados destacados
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Algunos inmigrantes y exiliados destacados
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En "Los sueños de un profeta", Tomás Eloy Martínez recuerda a Paco Porrúa:
"Una tarde de domingo conocí en la casa de Victoria Ocampo al primer editor profesional de mi vida. Yo suponía entonces que los editores debían parecerse a Victoria y hacer un poco de todo: escribir, traducir, publicar revistas y pasear por Buenos Aires a los grandes personajes de ultramar. Como buen provinciano de veinte años, vivía yo en un mundo de ideas fijas, donde las personas y las cosas debían parecerse a lo que me habían dicho que eran".
"El editor me habló, en cambio, de una profesión que era tan azarosa como un juego de dados. Se llamaba Antonio López Llausás. Me contó que era catalán (ya lo advertía su acento, puntuado por elles rotundas) y que los fragores de la Guerra Civil Española lo habían expulsado a Francia, de donde lo rescataron Victoria Ocampo y Oliverio Girondo para que fueragerente general de la empresa que acababan de fundar: Sudamericana. La nueva editorial se abriría como un afluente de Sur, el sello de Victoria".
"Un editor no debe dejarse conmover por el éxito ni por el fracaso -me dijo aquella tarde-. Tiene que publicar sólo los libros en los que cree. Si no lo hace, más vale que se ocupe de otra cosa." Era un hombre calvo, afable, que parecía de otro siglo, aunque debía de tener poco más de cincuenta años. Semanas más tarde me llamaron de su parte para invitarme a conocer los enormes depósitos que Sudamericana tenía en la calle Humberto I de Buenos Aires. Entre las novelas rozagantes de Manuel Mujica Lainez y Salvador de Madariaga, descubrí, en un rincón del fondo, algunos tesoros".
(...)
"Cuando lo conocí, en 1959, era ya un editor de enorme prestigio, con varios premios Nobel en su catálogo (Thomas Mann, François Mauriac, Hermann Hesse, Steinbeck, Faulkner, Hemingway) y una oficina llena de manuscritos esperando turno. Le pregunté cómo hacía para no quedar mal con los escritores que aspiraban a su patrocinio y me contestó lo que les decía a todos: "Nunca publico nada sin la aprobación de mi lector desconocido". Cuando la gente quería saber quién era, López Llausás cambiaba de tema".
"Durante mucho tiempo creí que el lector desconocido era un ardid, hasta que averigüé que se trataba de una persona de carne y hueso. Se llamaba Francisco Porrúa, y tenía tal vocación de anonimato que hizo falta el inmenso éxito de la literatura latinoamericana en los años 60, del que es uno de los responsables, para sacarlo de la cueva".
"Porrúa era reservado hasta la mudez y lúcido hasta la extenuación. De los cientos de lectores que he conocido, pocos -o ninguno- tienen su olfato y su perspicacia. Llegó a la editorial en 1955 de la mano de Jorge López Llovet, hijo de don Antonio y subdirector de Sudamericana en aquellos años. A Jorge le había interesado el buen criterio con que Porrúa manejaba su pequeña editorial, Minotauro, y lo invitó a ser su asesor. Se quedó allí hasta 1971 y se marchó a Barcelona en 1977, porque ya no podía soportar -es lo que me dijo mucho después- tantas historias de muerte en la Argentina".
"Porrúa fue sacando de la manga nombres como los de Cortázar, Italo Calvino, Ray Bradbury, Alejandra Pizarnik y Marechal, hasta que en 1967 atrajo también al entonces desconocido Gabriel García Márquez. Cuando murió López Llovet, en 1962, don Antonio dejó que Porrúa se encargara por completo de la selección de libros, reservando para sí sólo la relación con aquellos escritores a los que consideraba "de la casa". Después de Cien años de soledad, ser un autor de Sudamericana se convirtió casi en un sello de honor para cualquier creador de ficciones, tanto en Perú como en México y Venezuela" (4).
“Se sentía argentino, pero nunca olvidó sus raíces gallegas, ya que fue en Galicia donde creció como niño y adolescente y recibió su primera educación. No había cumplido los dos años cuando en 1924 llegó con su familia (siguiendo a su padre, marino mercante) a la Patagonia, donde se afincaron en la población costera de Comodoro Rivadavia, un asentamiento petrolero. Pero su madre enfermó y, con ella, volvió a Galicia (a Corcubión y a Ferrol, donde residía y trabajaba su abuelo Francisco Fernández Abelenda). Poco antes de la Guerra Civil viajaron de nuevo a la Patagonia, cuyos desiertos Paco dejó a los 18 años para estudiar en Buenos Aires (casi 1.500 kilómetros al norte) en la Facultad de Filosofía y Letras” (5).
Fue inmigrante el editor Arturo Cuadrado Moure. Acerca de su arribo a la Argentina, escribe Dora Schwarztein:
"El 5 de noviembre de 1939, a bordo del Massilia, llegaron exiliados con destino a Chile, Paraguay y Bolivia. " "No permiten ni asomarse a los ojos de buey a los intelectuales españoles en tránsito", titulaba el diario local Noticias Gráficas la noticia del arribo del Massilia al puerto de Buenos Aires, "Las medidas adoptadas contra el grupo de intelectuales y artistas españoles son de un rigorismo que sólo tratándose de peligrosos confinados se hubieran aceptado.... Un marinero nos informó que los españoles refugiados tenían orden de que nadie se aproximara a ellos y menos que se asomaran por los ojos de buey. Es lamentable lo que ha ocurrido. No sabemos ni nos interesa saber quién ha dado la orden terminante de que ese grupo de gente que representa de modos distintos a la cultura y el cerebro de España permanezca en la sombría situación de los delincuentes incomunicados" " (6).
El escritor Rodolfo Alonso afirma, refiriéndose a los exiliados gallegos, que "si Buenos Aires -y con ella la Argentina- hacía ya mucho tiempo que estaba recibiendo a cientos de miles de inmigrantes (obligados a abandonar una Galicia feudal y sin futuro, que no podía mantenerlos ni educarlos), a partir de la injusta derrota republicana en 1939 vería llegar otra clase de viajeros: los exiliados. Eran poetas, artistas, políticos, periodistas, científicos, universitarios, sindicalistas, editores. Que, firmemente afianzados en su colectividad, entonces mayoritariamente republicana, y reunidos alrededor de una figura ejemplar: Alfonso R. Castelao, no sólo líder político sino en realidad un humanista, durante décadas convirtieron a Buenos Aires en la auténtica capital de la cultura gallega enmudecida en su tierra por el franquismo" (7).
Cuadrado Moure evoca su juventud: "Tuve el capricho y la suerte de entregarme a la famosa generación del 98 español. Fueron mis amigos y maestros don Ramón María del Valle Inclán, don Miguel de Unamuno, don Pío y Baroja, Ortega y Gasset. Con ellos he vivido, con ellos he aprendido a luchar y también a vencer. Porque en mi generación no sabemos de derrotas, no. Hemos sufrido persecución, guerras, cárcel, exilio y todo se ha transformado en una canción. (...)
En el año 1936 sube Franco, aquella tremenda traición en donde los hombres tuvieron que matar a los hombres. Surge la famosa guerra civil que duró tres años y donde han muerto casi dos millones de españoles. Nosotros, el ejército republicano, que dominábamos Madrid, Valencia y Barcelona, no teníamos fuerzas, teníamos la canción y teníamos a América. Era nuestro guía espiritual, nuestro árbol intocable, profundo y alto, don Antonio Machado. (...) desde México a Buenos Aires realizamos todos nuestros sueños, todas nuestras esperanzas, todas nuestras ilusiones, con el convencimiento de que habíamos triunfado... Ortega y Gasset nos había enseñado el camino de amar más que luchar" (8).
En agosto de 1998, Clarín lo evocó así: "Había nacido en Alicante pero amaba el aire seco, austero, de Galicia, donde vivió la adolescencia. Enamorado fiel, trabajó desde joven en publicaciones dedicadas a la defensa de la cultura gallega. Su generación supo unir en un mismo haz los fervores políticos, los culturales y la celebración de la vida, y él honró todas estas pasiones. Todavía no había cumplido un cuarto de siglo cuando fundó, con más entusiasmo que capital, la librería y editorial Nike. La Guerra Civil lo encontró, claro, en las filas de la República. Pero ni entonces Arturo Cuadrado Moure abandonó el oficio: dirigió las ediciones del Ejército del Este, hechas -otra vez- más a fuerza de voluntad que de papel. Bajo ese sello y bajo las balas se dio el lujo de publicar España, aparta de mí este cáliz, de César Vallejo; La rosa blindada, de Raúl González Tuñón; El viento en la bandera, de Córdova Iturburu, y España en el corazón, de Pablo Neruda. Después, la derrota lo obligó al exilio. Como tantos otros republicanos que en México, en Chile y en la Argentina se convirtieron en animadores de la vida cultural, Cuadrado Moure no se dejó ganar por la melancolía. Fue periodista en la Crítica de Natalio Botana y fue cofundador y director de las editoriales Emecé, Nova y Camino de Santiago.
También de Botella al Mar, una editorial de poesía que hubo de publicar más de tres mil títulos, entre ellos, poemas de un joven Julio Cortázar y también de Alejandra Pizarnik. Más editor que poeta, pero también poeta, entre sus libros están Soledad imposible y Canción para mi caballo muerto. Dirigió, además, por décadas, el semanario Galicia. En 1995, la embajada de España lo condecoró con la Medalla al Mérito Civil. Murió el 5, a los 94 años, en Buenos Aires" (9).
Francisco Gil nació en Vilar, Pontevedra, en 1915 y llegó a la Argentina a los cinco años. Fue "un gallego que se sintió argentino y organizó durante décadas encuentros entre autores y lectores, que son el antecedente más cercano a la Feria del Libro" (10). "En 1960, Don Francisco sintió nostalgias de su tierra natal y quiso visitarla. Sus amigos se ocuparon de cumplir su deseo. Agustín Pérez Pardella, escritor y capitán de navío, lo llevó en su barco hasta Pontevedra. El dinero para la estada provino de una rifa de una obra que donó Berni".

Notas
1. Texto y foto: es.wikipedia.org/wiki/Juan_Torrendell
2. Abós, Alvaro: "Pasión por los libros", en La Nación, Buenos Aires, 4 de enero de 2004.
3. Sorrentino, Fernando: "El trujamán El equipo de traductores de don Juan". Centro Virtual Cervantes, Instituto Cervantes (España), 14 de enero de 2004.
4. Martínez, Tomás Eloy: "El sueño de un profeta", en La Nación, 4 de septiembre de 1999. Foto publicada en Álvarez Garriga, C.: "Francisco Porrúa: «A Cortázar no le preocupaba que no lo alabaran»", http://www.abc.es/cultural/dossier/dossier40/fijas/dossier_003.asp, 2003.
5. Porto, Hèctor J.: La Voz de Galicia, 20 de diciembre de 2014. “Fallece Francisco Porrúa, el gallego que publicó «Cien años de soledad»”, http://www.lavozdegalicia.es/noticia/ocioycultura/2014/12/20/fallece-francisco-porrua-gallego-publico-cien-anos-soledad/0003_201412G20P45991.htm
6. Schwarsztein, Dora: "La llegada de los republicanos españoles a la Argentina", en Estudios Migratorios Latinoamericanos, Nº 37, CEMLA, Buenos Aires, 1997.
7. Alonso, Rodolfo: "La Galicia del Plata", en El Tiempo, Azul, 1º de diciembre de 2002.
8. S/F: "Esa magnífica legión de los viejos", en Revista Mayores, Año II N° 11, 1994.
9. S/F: "El oficio de editar, aun bajo las balas", en Clarín, 9 de agosto de 1998.
10. Varios autores: Enciclopedia Clarín. Buenos Aires, Visor, 1999. Foto: www.comunacinco.com.ar